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Mantenerse activos entre arañas y murciélagos

Ragna Debats y Pere Aurell son una pareja de ultramaratonistas que se han convertido en protagonistas habituales de las carreras de montaña en todo el mundo. Su proyecto Rolling Mountains implicaba correr nueve pruebas en seis continentes, hasta que el coronavirus detuvo sus planes, pero no su deseo de mantenerse activos en familia.

Ragna, campeona mundial de trail, y Pere, ganador de la prestigiosa carrera Transvulcania, iniciaron su ruta en Hong Kong en enero pasado. Prosiguieron hacia Chile y luego a Argentina, donde escalaron el Aconcagua. Allí debía celebrarse un Ultra Trail, pero ellos prefirieron correr otro evento, 4Refugios.

A Costa Rica llegaron para hacer allí la tercera prueba del Rolling Mountains, una carrera de 230 km que debía iniciarse el 5 de abril, pero también fue cancelada cuando la Organización Mundial de la Salud declaró que el brote de COVID-19 se había convertido en una pandemia que amenazaba el mundo entero.

Pero la pareja de corredores ya estaba en Costa Rica con su hija Onna, de cinco años, y decidieron partir a una playa semidesierta en la costa del Pacífico en Costa Rica, con el objetivo de seguir activos.

Con apenas una decena de vecinos humanos (porque de otras especies tienen muchos más), están  lo suficientemente aislados como para no tener que recurrir al confinamiento para mantenerse sanos, y tienen todo un paraíso terrenal para entrenar como si no hubiera pandemia.

Como relataron al periodista Hernán Sartori del diario Clarín, Ragna y Pere se equiparon de suficientes alimentos enlatados para sobrevivir al menos 21 días. Tal vez no contaban con los malos hábitos de los monos, que roban todo lo que quede a su alcance, pero agradecen la bendición de los peces con los que reponen sus abarrotes.

“Podríamos irnos, pero estamos aquí libremente. Vivimos una experiencia muy excepcional y creemos que es una manera de proteger a nuestra hija y a nosotros, y también de ayudar a que el virus no se pueda expandir en el país. No sabemos lo que pasará y nos quedaremos aquí por tiempo indefinido. Estamos mejor que en casa, aunque no tengamos nada de lujo. Es mejor estar en la naturaleza”, relata Ragna.

Las jornadas de la familia empiezan con el amanecer a las 5 am, pero terminan apenas comienza a caer la luz del sol a las 7 pm. Primero dormían a la intemperie, hasta que un vecino los invitó a compartir su techo con murciélagos, habitantes originales de su hogar temporal.

Su hija Onna ha aprendido a distinguir especies de arañas y otros insectos, mientras los padres cuentan con 2,5 kilómetros de costa y una jungla cercana para poner en práctica sus habilidades extremas.

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